viernes, 24 de diciembre de 2010

Mujer de la noche

Las sombras disgregan su encanto entre luces de neón, celebraciones, alcohol y desenfreno, como una forma de disfrazarse de cotidianidad. Jungla de especímenes que cambian de piel ante su contacto y adquieren texturas inorgánicas con las cuales pueden cruzar los senderos que el temor o la cordura limitan. Son los dominios donde la frivolidad es alimento de los gemidos, donde la pasión presenta su mejor obra de teatro y la mujer de la noche se yergue como reina. Ante sus encantos se rinde la esquizofrenia de sobrevivir a la alucinación de beber el elixir de labios que desafían los colores donde efervesce la invisibilidad y se hacen trizas los sueños de permanecer en su corazón mas allá de esos efímeros instantes.
 
Literatura