martes, 6 de enero de 2009

Solidaridad

Cuando transcurren los primeros años del siglo XXI y la tecnología, las comunicaciones y los medios de información han alcanzado proporciones de ciencia-ficción, la tierra se ha transformado en una aldea global donde los anteriores problemas cotidianos o locales han pasado a ser conocidos en latitudes diferentes del orbe.
Las conflagraciones ahora discurren en tiempo real, se ven por TV como un video juego sin controles y el horror delas mismas eriza la piel del más atrevido.
Y así como la guerra parece haber tomado otros derroteros que ya no tienen nada que ver con invasiones o apropiaciones de territorio, también la ayuda y disposición está más al alcance de la mano que en otras épocas.
Instituciones o movimientos como la Cruz Roja se han magnificado y repotenciado, teniendo una capacidad de respuesta en menor tiempo que logra salvar o atender vidas.
Los términos parecen invertirse pero carecen de bases sustentables cuando no se ejecutan siguiendo un patrón balanceado que no contamine la acción a ejecutar.
Es común leer o escuchar sobre solidaridad con determinadas actividades pero igualmente la degeneración de la misma puede convertirse en espada de Damocles para quien la realiza.
En la segunda guerra mundial se bautizó como aliados a los que apoyaron algunos de los bandos, pero los resultados acabaron por identificar con el termino a los contrarios de los nazis.
¿No eran aliados los japoneses? Sin dudas sí, pero no de los británicos.
Igual ocurre al sectarizar una acción de apoyo y cambiarle la verdadera intención.
Las luchas sin dudas crean bandos, estos son apoyados o rechazados normalmente por grupos minoritarios ya que la mayoría queda entre dos fuegos, es la hora del mediador, del interlocutor que desde afuera busca equilibrar los caminos que lleven hacia la obtención de un beneficio para todos.
Es cuando se ponen en funcionamiento mecanismos y organismos creados sobre la base de la experiencia para tales casos, pero que el poder o la imparcialidad en muchos casos los coloca en entredicho por una imparcialidad no muy venerada.
Y esa es la punta del iceberg de los sacrificios innecesarios a la humanidad.
Alguno de los bandos pierde pero quienes en realidad sufren esa pérdida son quienes no pertenecen a ellos.
Ejemplos sobran, solo colocaré algunos.
La ONU es solidaria con los países pero no con los pueblos, es una relación de gobiernos no de lo fundamentalmente importante, los pobladores de esos países.
Las guerras o confrontaciones internas por posiciones politicas o economicas dejan saldos rojos pero no en los causantes u operadores sino en quien queda en medio.
¿La solidaridad con el pueblo argentino, en los años de la guerra de las Malvinas, alguna vez pensó en ellos como receptores y no como causantes?
¿Era necesario exterminar al pueblo afgano en vez de enfocar solo a Al Qaeda?
¿Cuántos inocentes mueren en Irak con la guerra?
¿De quienes debemos ser solidaros? ¿Del pueblo judío o árabe?
¿Sería propio que la Cruz Roja, símbolo de una solidaridad bien llevada, atendiera solo a los heridos de un bando?
No se puede jugar con la conciencia como si estuviéramos en un sube y baja de un parque infantil.
Cuando llega la hora de extender las manos para socorrer, hay que hacerlo sin sesgo ideológico, religioso o económico.
No es aceptable que Organizaciones o Entes no Gubernamentales abracen el término de Solidaridad para parcializarse.
Cuando se ponen en marcha los mecanismos para solidarizarse, el primer mandamiento y el único realmente valido debe ser con los pueblos, no con los gobiernos, las autoridades eclesiásticas o grupos raciales.
Si todos somos iguales a los ojos de Dios, ¿Quiénes somos nosotros para excluir?
Ojalá la conciencia prive sobre los intereses, que el verdadero sentido de la palabra SOLIDARIDAD se recupere y que los hombres entiendan que las diferencias son necesarias y que el respeto y la tolerancia son imprescindibles.

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